miércoles 30 de enero de 2008
Como el viento de poniente
De niño no me gustaban los libros ni las sotanas
ni salir en procesión,
eran tan desobediente como el viento de poniente,
revoltoso y juguetón,
en vez de mirar pal cielo
me puse a medir el suelo que me tocaba de andar,
y nunca seguí el rebaño,
porque ni el pastor ni el amo eran gente de fiar,
como aquel que calla, otorga,
y aunque la ignorancia es sorda,
pude levantar la voz,
más fuerte que los ladríos de los perros consentíos
y que la voz del pastor.
empecé haciendo carreras
por atajos y veredas muy estrechas para mí,
y decían mis vecinos
que llevaba mal camino apartado del redil,
siempre fui esa oveja negra
que supo esquivar las piedras que le tiraban a dar,
y entre más pasan los años
más me aparto del rebaño porque no sé a donde va.
domingo 27 de enero de 2008
Bill Laimbeer
Extraño personaje aquel Bill Laimbeer que jugó en los Pistons de los ochenta. El jugador que con menos talento más lejos llegó en la historia de la NBA.
Su capacidad de salto era tan limitada que decían que una vez intentó saltar un listín telefónico y cayo de bruces.Aun así, fue lider de rebotes en la NBA.
Se movía como un pato y su mecánica de tiro era tan horrorosa que sus defensores creían que bromeaba cuando se disponía a armar el brazo. Aun así, tenía el record de triples en unas finales de la NBA.
Pero donde destacaba como un maestro,era en el juego subterraneo. Movía los codos como un samurai su espada, desenfundaba los puños con la rapidez de Jesse James, pegaba patadas a los que caían al suelo como si de un matón de barrio se tratase, desequilibraba levemente o hacha en mano, a cualquiera que se atreviera a lanzar en sus dominios.
El Principe de la Oscuridad, el Criminal Callejero, Su Alteza de la Marrullería.
Un tipo que me fascinaba por su actitud chulesca, su manera de trazar una linea y desafiar al que la atravesara. Como me fascinaba todo aquel grupo salvaje que formaban los Pistons de los ochenta. Aquellos guerreros que consiguieron dos anillos a base de converir el baloncesto en una batalla.
Thomas, Dumars, Vinnie Johnson, Mahorn, Rodman, Laimbeer....
Tipos duros.
miércoles 23 de enero de 2008
Un poco de bilis
El despertador me ha sorprendido empapado en sudor y enfilado en lo alto de una valla con Mr Fantástico. La compañía era bastante grata, y aunque he olvidado que barruntaba yo con el superheroe en cuestión, me ha dolido haberle dejado así, tan de repente. Espero que el rival no fuera Galactus...menudo es.
No he desayunado, la verdad, ni ganas que tenía. Ando a vueltas con mi estómago, él me da diarrea, yo le doy vino. Tiene todas las de perder y lo sabe, pero me ha salido rebelde y se queja continuamente. Que hi farem.
En el trabajo, me he dado un paseo por unos cuantos blogs, los de siempre y alguno que vas descubriendo. Me cansan, se me escapa la risa con los textos de alguno y alucino con el peloteo general.
Todo el que busca trascender o exhibir, que no compartir, sus conocimientos a traves de un blog, apesta.
Por la radio, ha sonado una versión de " Desnuda la mañana " que me ha ofendido. El imbécil de Sabina intentando hacer suya una canción que ni aunque viviera mil años o se metiera mil rayas seguidas, sería capaz de entender.
Pues sí, tengo un día tonto,uno de esos en los que " Los Secretos " suenan durante toda la tarde.
Perdonadme.
domingo 20 de enero de 2008
Jeff Buckley
He oído que existe un acorde secreto
que David solía tocar, y que agradaba al Señor.
Pero tú realmente no le das mucha
importancia a la música, ¿verdad?
Era algo así como la cuarta, la quinta
cae la menor y sube la mayor.
El rey, confundido, componiendo un aleluya.
Aleluya…
Bueno, tu fé era fuerte, pero necesitabas una prueba.
La viste bañarse en el tejado.
Su belleza, y el brillo de la luna, te superaron.
Te ató a la silla de su cocina.
Rompió tu trono, y cortó tu pelo.
Y de tus labios arrancó un aleluya.
Aleluya…
Cariño ya he estado aquí antes.
He visto ésta habitación y he caminado sobre éste suelo.
Solía vivir solo antes de conocerte.
He visto tu bandera sobre el arco de mármol,
pero el amor no es una marcha victoriosa.
Es un frío y roto aleluya.
Aleluya…
Bueno, hubo un tiempo en que me dejabas saber
que era lo que realmente sucedía allá abajo.
Pero ahora nunca me lo enseñas.
Pero recuerda cuando me uní a tí,
cuando la paloma blanca volaba también,
y cuando cada suspiro que dibujábamos era un aleluya.
Aleluya…
Bueno, quizá haya un dios allá arriba.
Pero todo lo que he aprendido sobre el amor
fue cómo dispararle a alguien que ha desenfundado más rápido.
No es un lamento que oigas por la noche.
No es nadie que haya visto la luz.
Es un frio y roto aleluya.
Aleluya…
jueves 17 de enero de 2008
31
13 de Agosto de 1981.
Mi madre rompe aguas y hay que ir rápido al hospital.
-Deja al niño con la abuela, Juan.
-Clemenza, ven, que te vas a quedar a dormir en casa de la yaya.
Y me resistí,os lo juro, di patadas, lloré, mordí a mi padre e incluso lo amenazé con un cuchillo pero al final, aquel niño de cuatro años, tuvo que claudicar y dejar a medias el visionado de " Los payasos de la tele ".
Desde luego, nunca le perdonaré a mi hermana haber elegido ese momento para nacer.
sábado 12 de enero de 2008
Regalo de cumpleaños
Te recuerdo en la sala de estudios de la universidad, con cuatro cartas en la mano. Te acaricias la perilla y envidas con las de Sergio.
Te recuerdo en la surrealista busqueda de Cristina Pina, en aquella fiesta de la Autónoma, cerveza en mano y cuestionario en los labios. No encontramos a aquel ser que para mí siempre será imaginario, pero las risas que nos echamos son buena moneda de cambio.
Te recuerdo con la cabeza clavada al enemigo, y aunque nunca haya contado la verdad sobre aquella historia, la de tu pelea a muerte con el gigante de Letras, en la versión oficial siempre diré que lo hiciste para defenderme de las aviesas intenciones de aquel mal hombre.
Te recuerdo intentando asimilar ratios económicos en el pupitre de mi izquierda. Y al acabar, intentando asimilar mis negras duquelas frankfurt mediante.
Te recuerdo en un polígono de Mataró, con Damián, conmigo, canturreando canciones de "Triana", fumando, descubriendo a "El Bicho" e incluso vacilando a la policía cuando nos pidieron los carnets.
Te recuerdo transformado,con tu figura encorvada,la sonrisa de medio lado y un brillo de locura en la mirada.
Y esta vida llena de prisas, de trabajos forzados y alimenticios, nos hace vernos bastante menos de lo necesario, me priva de tus silencios, de tus locas carreras con el Ibiza por las carreteras de Terrassa... y de tantas y tantas otras cosas que hemos compartido durante todos estos años, que se me ocurrió regalarte este post en el día de tu treinta cumpleaños para recordarte que, aunque pase el tiempo, todavía seguimos intentando ganar a nuestra manera.
Salud.
jueves 10 de enero de 2008
El tikista IV. El final

Ni media palabra. Ni un leve movimiento labial que indicara la existencia de vida en ese rostro. Ni sentía ni padecía.
Me derrumbé. No pude evitarlo. Soy la clase de tipo que hubiera dejado salir de Casablanca a Ingrid Bergman. Un flojo de mucho cuidado.
-Vístete, anda. No voy a follarte.
Me miró sin entender nada.
-¿No te gusto? – dijo una voz con acento brasileño.
-No, no es eso. Toma tu dinero y vete.
Me senté en la cama de espaldas a ella y hundí la cabeza entre mis manos enlazadas. Aquello de tener sentimientos era una auténtica mierda.
Me rodeó y plantó su cara frente a la mía.Entonces, me besó en los labios y se fue.Sentí un escalofrío y la agitación de millones de neuronas emitiendo señales de euforia en mi mente.Diagnóstico claro.
No, Neme, no. Enamorarte de una puta no es el camino.
Prendí un cigarro y me lo fumé apoyado en la ventana. La noche había cambiado. O quizá la noche fuera la misma pero me parecía menos oscura.
El travesti tardaba demasiado en venir a recogerme. Pero, claro, era pecado mortal salir de la habitación y romper el complicado equilibrio que aseguraba la discreción de los clientes.
Escuché voces. Venían de la entrada de la casa de putas. Pavarotti invitaba a marcharse a un cliente desagradecido que protestaba por el mal servicio de la puta.
La discusión empezó a subir de tono. El cliente, a voz en grito, amenazaba con quemar el local y llamar a no sé quién. En ese momento, Pavarotti sacó su lado más masculino y empezó a chillar y a proferir amenazas relacionadas con la palabra “ paliza “.
Quién me mandaba a mí. Estaba superado por la situación. Barajé salir y buscar la heroica. El Superman de las putas. Ciertamente, era una buena manera de ganarse unos cuantos servicios gratis durante los próximos meses.
Aun así, opté por esperar acontecimientos. Tikismo en estado puro.
Sonó un bofetón. Forcejeos. Gente que corría e insultaba. Una voz con acento brasileño tocó a mi puerta.
-Abre, abre, por favor.
Abrí, la cogí con fuerza por el brazo, la metí en la habitación y volví a cerrar.
-Qué está pasando ahí fuera?
Lloraba y lloraba y buscó refugio en mi pecho. Le acaricié el pelo y le dije que no temiera. Me miró y sonrío.
Aquella sonrisa hubiera convertido al león cobarde de “El mago de Oz “en Capitán General del Ejército.
Fuera de la habitación, los gritos y el trajinar de objetos continuaban, incluso podría asegurar que escuché un disparo. En cualquier caso, me dirigí hacia la puerta, pulsé el interruptor de la luz para que ésta se apagara y la habitación quedara a oscuras, e intenté hacer feliz a aquella pobre muchacha de ojos negros.
miércoles 9 de enero de 2008
El tikista III

Un olor a habano acompaña a las bamboleantes caderas de una cubana con son en el andar. Memoricé su nombre. La ardilla mostró una extraña indiferencia.
Un viento helado y unas extrañas ganas de compartir mis propiedades con el prójimo,ese fue el rastro que dejó aquella rusa. Descartada. El compañero continuaba como si con él no fuera la cosa.
Una canción de Antonio Vega con patas que sonreía como un perro que busca amo .Mi elección.
Él se decantó por una africana altísima. Tenía el andar majestuoso de una princesa y unos pechos de esos que aseguran la reproducción de la especie.
-África – dijo el muchacho.
Pagamos la tarifa de quince minutos, y cada cual se fue para su habitación a la espera de la chica correspondiente.
Para cuando quise despedirme de mi compañero, ya se había perdido entre las puertas del laberinto.
Estaba sólo en la habitación. Procedí a despelotarme con la intención de ganar tiempo. Abrí la ventana, visualicé el interruptor de la luz e hice un rápido inventario de los objetos que había a mi alrededor.
Una modesta cama, una mesita con una sábana y condones en su parte superior, espejos en las cuatro paredes y el techo, una alfombra con motivos africanos y una lamparita que emitía destellos rojizos.
Y entró ella.
Sus ojos eran tan negros que mi propio reflejo aparecía con antorcha. No miraba, inculpaba.
Extendió la sabana en la cama, se quitó el sujetador,el tanga e hizo una señal para que me tumbara. Quiso apagar la luz y la detuve.
-Mejor con luz.
Anudé mis brazos en su cintura y la besé.
martes 8 de enero de 2008
El tikista II

El pasillo constaba de seis puertas con sus correspondientes habitaciones, en ese momento cerradas y por lo tanto, en uso. Además, el local gozaba de una curiosa disposición laberíntica para garantizar la discreción de los clientes.
En los años que lo frecuenté, jamás me encontré con ningún otro cliente por el pasillo. Para quitarse el sombrero.
Al llegar a la habitación, la ardilla ya me esperaba dentro. A oscuras. Al encender la luz, lo encontré en el rincón más alejado de la puerta, recogiendo su pelo en una cola y con una mirada por la que le hubieran dados tres comidas diarias y una celda acolchada en cualquier sanatorio del mundo. Me fijé en la parte de atrás de su cuello. Llevaba el tatuaje de una chica atada a un tótem africano.
-Ahora vienen las niñas – dijo y remató con un guiño un Pavarotti que se estaba haciendo un huequecito en mi corazón.
De nuevo solos. Mi compañero se miraba en el espejo de la habitación como él que se reconoce por primera vez. Volvió a dejarse el pelo suelto y cerró una ventana. Después, me miró, sonrió e intentó apagar la luz. Por suerte, pude reaccionar a tiempo. Lo cogí por las muñecas con la mano izquierda y le abofetee con la derecha. Después, lo senté en la cama.
-Perdona, amigo, pero es que todavía no he superado el miedo a la oscuridad.
Desgraciadamente, no hice eso. En la vida no todo sale tan bien como en las películas y, que queréis que os diga, no soy Snake Plissken. Ni mucho menos.
Así pues, consiguió apagar la luz sin oposición alguna. Todavía recuerdo su horrible risa y como mi corazón estuvo a punto de salir de mi pecho para poner una denuncia en la comisaría más cercana.
Aun así, reuní las suficientes fuerzas para encender de nuevo la luz. Lo encontré tumbado en la cama con los ojos clavados en mí y cual si comieran.
No tuve tiempo de temblar porque empezaron a venir las señoritas.
lunes 7 de enero de 2008
El tikista I

Otro muchacho y yo esperábamos a que hubiese cama libre en la casa de putas. Él se refugiaba en la penumbra del portal donde consumía cigarro tras cigarro. De repente, cuando oía el taconeo de alguna puta tras la puerta, salía de su guarida, se plantaba delante de mí y recordaba su prioridad en la selección del género. Utilizaba para ello una serie de rudimentarios golpes en el pecho y un dedo índice alzado en curiosa posición.
-Por supuesto, amigo, tú has llegado primero.
Intentaba aparentar seguridad porque, pese a que era cliente habitual de estos locales y estaba habituado a individuos de esa calaña, nunca me abandonaba una ligera sensación de desamparo. Sí, soy tikista.
Así pues, me mantenía bajo el farolillo que alumbraba el rellano, recostado sobre la pared, manos en los bolsillos de la americana y semblante lo más parecido a Michael Corleone posible. Una impostura, sin duda. Mi compañero ocasional de fatigas me daba muy mala espina y por consiguiente, estaba cagadito de miedo. Era fundamental que no lo notase, claro.
Se abrieron, esta vez sí, las puertas del cielo, y no salió San Pedro o quien quiera que te reciba allí arriba, sino un travesti muy mal acabado, de esos que uno no sabe si darle dos besos de bienvenida o un fuerte y varonil apretón de manos.
-Adelante – dijo con una voz que, con un poco de trabajo y un buen padrino, hubiera llenado La Scala de Milán.
Mi desconocido compañero se escurrió como una ardilla y salió disparado hacia la sala donde se efectuaba la selección.Le seguí con un andar más pausado y mundano, fruto de mis años de experiencia en el sector.Aun así,los lascivos pellizcos y las sucias proposiciones de Pavarotti, me hicieron acelerar el peso. No podía correr el riesgo de caer rendido a sus encantos y perder la fama de macho tan a pulso ganada.
domingo 6 de enero de 2008
Los reyes y la persona más miserable del mundo

Regalos entregados:
-Entrada para el teatro ( show Rubianes ) y pendientes juveniles. Para mi madre.
-Entrada para el teatro ( show Rubianes ) y mechero de competición. Para mi padre.
-Reproductor DVD. Para mi hermana.
Regalos recibidos:
-Juego de wrestling para Play 3. Intuyo que mi hermana.
-Jersey de cincuentón, calzoncillos y pijama de hippy. Intuyo que mi madre.
-Jersey de veinteañero y cd de "El Arrebato". Intuyo que mi padre.
Reflexiones:
-Supongo que por deformación profesional o quizá por mi naturaleza miserable, lo primero que he hecho al ver los regalos, ha sido calcular el coste de los recibidos y compararlo con los entregados. En total y por persona, claro. Soy el Scrooge de Dickens y lo peor es que no puedo evitarlo.
-Mi niebla mental me ha impedido recordar que el día que mis padres deberían ir al teatro, operan a mi madre. Sin comentarios.
-A mi hermana no le cabe el reproductor en su cuarto.Otro minipunto para mí.
-Mi padre está intentando dejar de fumar.Lo bordo tanto...
-Ambos jerseys me van cortos de manga ( si es que soy muy largo...) y justos de abdomen ( debo recuperar el hábito de ir al gimnasio ).
-A mis treinta, el regalo que más ilusión me ha hecho, ha sido un juego friky para Play 3. Acabo de jugar una partida y me flipa. Con Batista, claro.
En cualquier caso, ver como relucía mi madre con sus pendientes nuevos y la estampa de mi padre vacilando de mechero con mi tío, hace que toda esta pantomima tenga un mínimo sentido.
jueves 3 de enero de 2008
La casada infiel

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.
*
Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.
Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
Le regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.
Federico García Lorca
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