
Empieza a caer la tarde, las nubes han tomado como prisionero al sol y dominan el cielo como los funcionarios las cárceles. Harto de vagar sin rumbo, voy al encuentro de mis amigos que andan ya bastante borrachos y con vistas a seguir aumentando su grado de alcohol en la sangre. Me dicen que les acompañe a un pub y lo hago por inercia.
Observo a una chica acercándose a la barra con movimientos pausados. Tiene el pelo de Uma Thurman en Pulp Fiction, cara de vampiresa con las reservas de sangre bajo mínimos y un cuerpo de niña embutido en una camiseta dos tallas inferior a lo que la decencia marca. Inicio una hábil maniobra de acercamiento. La miro con descaro y al observar su receptividad, me acerco a ella con un cigarro y una mirada de tipo duro. Le hablo de poesía y de música y de cine y le enseño el tatuaje que me hice en la cárcel y le cuento historias de la mili y la invito a una copa y sus ojos empiezan a brillar y me hace bromas sobre la edad y dice que podría ser su padre y yo creo que esta noche me lo comeré todo. Se roza conmigo mientras bailamos muy pegados y reímos fuertemente con nuestras caras a escasos milímetros. Hace que mi corazón vuelva a sentirse vivo. Voy un momento al lavabo y al volver, ya está besándose con otro. Me mira y se ríe. Dibuja una mueca que a mí me parece maliciosa. Me hace sentir como un lobo engañado por un conejo.
Salgo cabizbajo del bar, con los puños apretados y fuego en la mirada. La lluvia cae con fuerza, las gotas son agujas que se clavan en mi cuerpo. Mi mal humor aumenta. Huyo hacia un portal esperando que amaine, la lluvia y mi mal humor. Encendido como un demonio, la veo pasar. Camina sola y va bastante borracha. Me acerco a ella sin saber demasiado por qué ni con qué objetivo. Empieza a insultarme desde lejos. Cuando llego a su altura, descargó un puñetazo repleto de rabia contra Marta y todas las mujeres del mundo. Un hilillo de sangre fluye por su nariz y una gran frustración sale despedida de mi cuerpo. Me mira tan asustada como yo lo estoy por mi golpe. Durante unos segundos nos quedamos mirando fijamente el uno al otro, como dos luchadores de sumo antes de empezar el combate. Sonrío. Noto el miedo en sus ojos. Empieza a correr. Socorro. La alcanzo. La tiro al suelo con violencia. La cabalgo. Sudo y empujo. Sudo y empujo. Sus gritos provocan que mi placer sea mayor. Acabo y me voy.
Ella se queda llorando en el suelo y yo me pierdo entre la lluvia.


7 comentarios:
BRUTAL!
me gusta.
Por un post anterior:Hay tipos que parecen tener miedo pero simplemente no les gusta machacar craneos. Provocarles es peligroso. De todos modos´era usted quien le miró a los ojos y lo sabrá mejor.
Siga escribiendo.
he entrado por el nick, Clemenza, un personaje que siempre me atrajo irresistiblemente, y me he encontrado con un escritor más duro que Bukowski y que además lo hace bien. Mira que hay blogs de gente que no sabe ni poner las comas, pero este es bueno de verdad. Casi me suelo fijar más en la sintaxis que en lo que se dice, porque lo que se dice suelen ser topicazos, así que uno se acoje a la redacción, pero es que aquí, además, es interesante. Y basta ya de chuparnos las pollas!
Nunca he chupado una polla, aunque entiendo que todo viene de una de las pelis mejor montadas de la historia, Pulp Fiction.
Me gustaría verte el viernes ¿viste el correo?
De todas maneras, mu bordao.
Vizconde de Valmont : Pues sí, soy fan de Chinasky e incluso de John Fante. Supongo que de alguna manera me influyo en este texto. En cuanto al viejo Clemenza, me comenta que agradece tu admiración aunque ya quisiera él follar la mitad que tú (sobretodo si se trata de Glenn Close )
Coucebouza : Te confirmo mañana.
Pues ya somos dos admiradores del viejo Hank y de su maestro Fante. Las generaciones posteriores nos leeran a nosotros.
Evidentemente lo de las pollas era un guiño a pulp fiction.
Saludos.
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