
Nadie me responde. Intento no perder los nervios y lanzo la misma pregunta . Alguien se atreve a comentarme que se ha vuelto a casar. Bajo la cabeza y contraigo los labios. Pido que me digan dónde puedo encontrarla. Un whisky de un trago y un nos-vemos son mis dos últimas acciones en el local.
Salgo en su busca
Vigilo la casa donde me han dicho que vive. La veo salir acompañada de dos niñas y un hombre. Él la rodea con los brazos, la acaricia con ternura y la hace reír bastante. Mi corazón hierve en la sombra. Las niñas corretean a su alrededor peleándose entre ellas.Marta está muy guapa, verla sonreír me produce una sensación contradictoria de alegría y celos. Sus ojos pardos no han perdido la fuerza, ni el embrujo, son los mismos que hace veinte años empezaron a llorar conmigo. Me decido a acercarme a saludarla. ¿Qué tal?. ¿ Qué haces aquí?.Nada, me apetecía verte. Veo como retrocede y busca cobijo en las anchas espaldas de su maridito. Éste me ofrece un cigarro y me dice que me calme. Se lo tiro a la cara. A mí no se me calma con un filtro. Podría chafarle el cráneo y patearlo hasta que le saliera sangre por los ojos. Me limito a sonreír a Marta y preguntarle si es feliz. Su marido está muerto de miedo y las niñas comienzan a llorar porque no entienden nada.
No me responde, su marido se la lleva calle arriba mientras yo me quedo de pie, completamente sólo y esperando que ella se dé la vuelta, mande a la mierda a su marido y se refugie en mis brazos. No lo hace y no la culpo. Lo mucho que yo la quiero y se va sin volver la cara. Como decía el fandango.
Que seas feliz, Marta, que seas feliz.


1 comentarios:
Estas cosas suelen pasar.
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