
Recojo mis efectos personales y añado un par de libros, regalo del funcionario que ahora me abre la puerta. Nunca pensé que mataría mi tiempo en la cárcel con poesía Beat.Mi cuerpo tiembla como el de una colegiala en su primer día de escuela. Aún así, alcanzo a armar una media sonrisa de despedida. El funcionario guiña un ojo y me lanza un buena-suerte.
Me quedo quieto unos segundos, echo la cabeza hacia arriba, abro los brazos y aspiro todos los olores que mi nariz es capaz de asumir. Soy libre, puedo hacer lo que me plazca. Echo a correr, grito como un loco hasta que mis pulmones me detienen y entonces, doy un saltito y golpeo los talones en el aire. Ahora camino con las manos en los bolsillos, tarareo canciones de Triana e intento empaparme de todos los colores, sonidos, paisajes y gentes que Barcelona me ofrece.
Acostumbrado al gris, me recreo en la riqueza visual del Mercado de las Flores, río con los mimos de las Ramblas, escucho a los músicos del Metro, me pierdo en las calles del Raval y me pruebo, en sus tiendas, la ropa que se lleva ahora.
Al salir de una de éstas, paro frente a un escaparate para arreglarme un poco la melena y la barba .Estoy largo rato observándome hasta que creo ver la imagen de Marta junto a la mía. Me giro sobresaltado pero ella no está, ni tan siquiera nadie que se le parezca. Sólo un gato que me mira desde abajo. Rabioso, lo aparto de mi camino de una patada y me dirijo a la estación rumbo a mi barrio.


1 comentarios:
Hace tiempo que los besos no me producen ninguna sensación.
El relato de hoy realmente me ha gustado.
(aunque hubiera preferido Mercat de les Flors) (llámame Pompeu Fabra...)
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