
De eso no hay duda, pienso. Contemplo mi delicada posición en el tablero. Ha descubierto mi engaño inicial y estoy totalmente desarbolado con sus alfiles en dirección a mi enroque y su otra torre arrasando mi nube de peones.
-Si quieres, ya lo hablo yo con ella. Guárdate las ganas de matar, anda, que tu culito prieto sería portada en el Playboy de la cárcel.
Reímos con ganas mi comentario y en ese momento aparecen dos ojos violetas, una media melena morena y una blusa de gasa fina a punto de ser desbordada por dos pechos descomunales. Ana. Es salvajemente preciosa. Me la seguiría follando aunque fuera la novia de Al Capone. Maldita sea mi estampa.
J va a la cocina a preparar unos cubatas y yo empiezo a hacer tres rayas.
-J sospecha algo, o más bien mucho – le susurro al oído
-Tienes que ayudarme a matarlo. Estoy harto de él y de su asfixiante control sobre mí.
- ¿Pero es que aquí se ha vuelto todo el mundo loco?...aquí nadie va a matar a nadie... tenemos que dejarlo y punto. Tú eres de J, lo conozco de toda la vida y no quiero ser yo quien le descubra que su novia es la más puta del barrio.
Su lengua entra a cuchillo en mi boca. Me parece oír el silbido de una serpiente.
-Te gusto demasiado y sé que me ayudarás a matarlo- asegura con vicio en la mirada.
En el tablero, achico agua como puedo mientras su dama me amenaza con la vista clavada en el hueco de mi enroque. Observo cómo un rayo de luz se cuela por la ventana e ilumina mi caballo. Lo muevo buscando la corazonada.
-El ajedrez es muy aburrido – dice una voz femenina ignorante.
-El ajedrez es la vida – filosofa J que vuelve de la cocina con tres cubatas – un espacio sin límite en el que puedes vagabundear y aislarte de los malos pensamientos.
-Siempre estás con lo mismo. El ajedrez no es más que un juego de perdedores. Eres incapaz de hacer algo atrevido.
Hay un cruce de miradas desafiantes que provoca un error grave en la movida de J. Lo aprovecho con solvencia y encaro la partida a un cómodo final con dos peones de ventaja.
-Si te gustan los aventureros, sal por esa puerta y ve en busca de ellos.Si no lo has hecho ya… – son las gélidas palabras de J.
-Me dais asco, tú, tu ajedrez y tu sarcasmo barato – grita Ana y le arroja el líquido del cubata a la cara.
- ¡¡Eh, eh, chicos, calmaos un poco!! – digo intentando poner cordura en una situación que siento se me está escapando de las manos.
J se limpia lentamente el líquido con una servilleta, se levanta y pone la navaja en la cara de Ana. Esta reacciona con rapidez, saca una pistola y la sitúa en el paquete de J.
-Si disparas me dará tiempo a dejarte un recuerdo en la cara.
-Universitario, métele un tiro a este idiota, ¡¡¡ayúdame!!!
Ana me mira directo a los ojos, con la melena despeinada y un lunar asomándose por encima de su blusa. Se enciende dentro de mí un deseo incontrolable de follarla. No puedo evitarlo. La cara desencajada de J huele a miedo.
En medio del caos, se me aparece la jugada definitiva para el jaque mate. Saco el revolver. Disparo.
Su cuerpo cae como el de un boxeador noqueado, a plomo.
-Sigamos con la partida, J.


5 comentarios:
Recuerdo este relato... y como te comenté alguna vez, sin duda es el que más me gusta de todos los que has escrito.
Deberíamos retomar nuestras partidas. (Y sabes que es verdad)
me gustaría comentarle el relato en privado, clemenza.
Vizconde de Valmont: ¿En privado??...si te refieres a q te dé un mail :
cokeikeipe2@hotmail.com
Coucebouza: Sí, deberíamos, pero estoy tan oxidado que podría incluso tragarme el jaque pastor..
Te propongo el sábado, en el sitio que digas, un cara a cara, como los clásicos, una cerveza en la mano y la vida en un tablero.
(deberías echarle un vistazo a mi fotolog de mañana) (supongo que lo reconocerás)
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